martes, 31 de agosto de 2010

Matrimonio tras las rejas


Eran las nueve de la mañana, los líderes senderistas, Abimael Guzmán y Elena Iparraguirre habían hecho un alto a sus respectivas condenas para dar el sí a su esperado matrimonio civil. Con un escaso público, sin siquiera sus abogados, terminados los 15 minutos, la pareja y sus familiares más cercanos celebraban su unión en el Centro de Reclusión de Máxima Seguridad de la Base Naval del Callao.

Para la ceremonia, la pareja tuvo que realizar sus gestiones en el municipio de Chorrillos, como su certificado de salud y el edicto, tiempo atrás. El encargado de unirlos en matrimonio fue el Jefe de Registro Civil de la Municipalidad Distrital de Chorrillos.

Abimael Guzmán y Elena Iparraguirre, quienes cumplen actualmente cadena perpetua en la Base Naval de la Marina de Guerra del Perú del Callao y en el Penal de Mujeres de Chorrillos, respectivamente, fueron capturados en 1992 en una casa en Surquillo, luego de meses de seguimiento por parte de la policía. Sin embargo, ha sido descartado que haya un cambio en el régimen de visitas de Abimael Guzmán, por el momento.

sábado, 21 de agosto de 2010

De regreso a la cárcel


Lori Berenson estaba realizando trámites consulares en la embajada de Estados Unidos cuando su esposo y abogado, Aníbal Apari, le dijo que la Sala Penal Nacional había decidido anular su libertad condicional. Preocupada y con el peso de ver su lograda libertad condicional frustrada, la ciudadana norteamericana no tuvo más que resignarse, cargar a su pequeño hijo y entregarse.

Su esposo dio a conocer a la prensa que se encontraba fuera de la embajada que Berenson había tenido que ser fuerte y ponerse en manos de la justicia. Es así que los agentes ingresaron a la sede para trasladar a la ex emerretista, con bebé en brazos y bajo el acoso de la prensa, a la Sala Penal Nacional en una camioneta azul y, luego, a la carceleta del Palacio de Justicia.

Berenson, de 40 años, había sido excarcelada a fines de mayo, luego que la jueza Jessica León consideró que se encontraba apta para reintegrarse en la sociedad, y que podía cumplir los cinco años que le quedaban de condena en libertad condicional, lo cual despertó un fuerte rechazo de la sociedad peruana. Sin embargo, cuando la Sala Penal Nacional escuchó la argumentación del procurador antiterrorismo, Julio Galindo, anuló el fallo de León, debido a que la defensa no cumplió con informar oportunamente a la policía sobre el domicilio que tendría Berenson estando en libertad.

Apenas se supo del fallo, la policía judicial se dirigió a la vivienda que ocupaba Berenson en el distrito limeño de Miraflores, pero ella no se encontraba ahí. Entonces, la prensa se sumergió en una intensa búsqueda, llegando a la embajada de Estados Unidos en Lima, donde se creía que se encontraría a la ex terrorista pidiendo asilo.

Sin embargo, las dudas de su paradero cesaron cuando su esposo salió de la embajada para informar que su cliente “no se ha fugado del país” y que, aún estando en desacuerdo con la resolución de la sala, se ha puesto a derecho.

Posteriormente, Berenson fue trasladada, inicialmente, hacia la Sala Penal Nacional y, luego, a la carceleta ubicada en el jirón Azángaro, en el Centro de Lima, resguardada por agentes de la Sub Unidad de Acciones Tácticas (SUAT).

Lori Berenson fue detenida el 30 de noviembre de 1995 a la salida del Congreso peruano, al que había ingresado con una credencial falsa de periodista en compañía de Nancy Gilvonio, la esposa del cabecilla del MRTA Néstor Cerpa. Las dos habían entrado para observar los sistemas de seguridad del edificio y conseguir información sobre los legisladores, con el fin de preparar un asalto al parlamento.

Un día después de su detención, la Policía desbarató un plan del MRTA para ocupar el Congreso, tomar a parlamentarios como rehenes y exigir su canje por los cabecillas presos del grupo revolucionario.

En 1996, un tribunal militar la sentenció a cadena perpetua, pero ese fallo fue anulado en el 2000, en cumplimiento de una resolución de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, que consideró que se violaron sus derechos cuando fue detenida y juzgada durante el régimen de Alberto Fujimori. Más adelante, el 20 de junio del 2001, tras un nuevo juicio civil, fue sentenciada a 20 años de prisión.

martes, 17 de agosto de 2010

El espejismo de Robles Godoy

Armando Robles Godoy nos tenía acostumbrados a una ficción imprevisible, impactante y sorpresiva, cómo imaginar que la realidad se encargaría de darnos un poco más de impacto en sus últimos días. Su trabajo cinematográfico es integrado por seis largometrajes, y más de una veintena de cortos. Fue a mediados de los años ’60 con “Ganarás el pan”, que la obra más conocida del director se inicia, para abrir una franja poco explorada hasta ese momento en la cinematografía peruana.

Con las películas de Robles Godoy, se abre el primer intento claro de un cine de vanguardia, con respecto a los grandes movimientos nacionales que se sucedían en diversas partes del mundo en ese entonces.

A continuación daremos un repaso por sus películas más representativas:

En la selva no hay estrellas (1967): A pesar de las limitaciones técnicas de ese momento, ésta es la película más cercana a la estructura clásica que llegó a realizar el cineasta. Pero dentro de esa historia sobre el recorrido tanto mental como físico que realiza un hombre y su botín deseado por un rincón perdido de la selva peruana, ya se deja ver el interés de Robles por dar cuenta de su percepción de la realidad de su país, en una sucesión de imágenes que evocan el orden perdido del mundo. Más que ser una curiosidad, se trata de una prometedora película.

La muralla verde (1970): Con mucha discusión a lo largo de décadas, esta es una de las películas más interesantes que se han hecho en Perú. Al igual que la anterior, el paisaje amazónico se constituye en el escenario central. A partir de sus remembranzas de la época en que se mudó con su familia en calidad de colono, Robles Godoy crea una película sembrada de sugerencias visuales y sonoras, trabaja los tiempos muertos tan caros al cine moderno, y se luce en algunas resoluciones fílmicas sorprendentes, especialmente las de la parte culminante. Pero en el pasivo, se deja ver esa tendencia por buscar el efecto poetizante, que iría deviniendo en artificio y redundancias en la medida que su cine se fue volviendo más hermético. La muralla verde es una película sentida, con auténticos logros.

Espejismo (1972): es la película más lograda del director en términos técnicos. Acá se introduce de forma más radical en una estructura rupturista, poco complaciente para quien espera que le cuenten una historia, que la hay pero de forma muy incierta. Estamos en un pueblo iqueño del que solo quedan algunos vestigios de lo que fue una gran plantación de uvas propiedad de una familia de terratenientes, cuya realidad e historia es descubierta poco a poco por un pequeño abandonado entre esas ruinas. A partir de ello, Robles asienta sus procedimientos preferidos: elipsis temporales, flashbacks, imaginería impactante, entre otros. Algunas escenas tiene atractivos pero de forma suelta.

Sonata soledad (1987): Compuesta por tres partes, que hacen las veces de piezas musicales, Sonata soledad muestra a Robles Godoy dando incierta cuenta de los fantasmas de su vida y trayectoria, tanto en la niñez, como en sus relaciones afectivas, o en sus trances con el cine. Lo más rescatable debe ser Tempo, la primera de sus “suites”. En ella el mismo director aparece para encarar entre malcriado y resignado, su educación religiosa, de la cual obviamente reniega.

Imposible amor (2003): Imposible amor no pasa de ser un tremendamente fallido ejercicio, que narra de forma circular diversos episodios relacionados con sus ideas sobre la religión, el cine, la crítica, los artys, etc. Todos y cada uno, amores imposibles que divagan entre el humor de sketchs, la apariencia de corto estudiantil, y todo un arsenal de alucinaciones inconexas. No se puede evitar hablar de este trabajo como un naufragio total, el verdadero laberinto sin salida al que se estuvo aproximando en su cinta previa.

Pero como casi todo en la obra de Robles Godoy, si algo pervive es el carácter controvertido, imprevisible, ese que de alguna forma generó una escuela, una que todavía esta por descubrirse en todas sus facetas.

Mis últimos días de vacaciones


En estas vacaciones pasé unas lindas semanas junto con mis familiares que vinieron de visita a pasar unos meses en Perú. Principalmente, me dediqué a leer algunas novelas sobre una de las series que veo, escuchar Planeta 107.7 cuando prendía la radio y ver las series que me había perdido como Greek, Glee y Gossip Girl. Sin embargo, la semana ante pasada me llamaron de la Universidad para iniciar mis prácticas. Aunque me tomaron por sorpresa y significaba dejar de lado lo que me quedaba de vacaciones, acepté porque me queda poco para acabar mi carrera y pensé que sería bueno aprovechar una oportunidad como esta. Eso significa que este ciclo tendré que estar casi todo el tiempo aquí, pero trabajar y estudiar en un mismo lugar resulta una opción cómoda.

El último fin de semana, recordando que desde esta semana estaría en la Universidad todo el día, decidí ir a ver las películas que me faltaban ver: El Origen y Karate Kid. Actualmente, vivo en San Borja, un lugar que me gusta mucho por su tranquilidad, aunque las obras que se están haciendo últimamente son algo incómodas, así que suelo ir a los cines más cercanos: UVK Caminos del Inca y Cineplanet Primavera.

El viernes fui a ver El Origen con una amiga y, aunque a ella no le gustó mucho, a mí me pareció muy interesante y original. Sin embargo, mi mayor sorpresa fue cuando fui a ver Karate Kid el sábado con mis papás, pues aunque no queríamos ver la película doblada, era la única forma en la que había llegado al Perú. De hecho, cuando había revisado la cartelera en el Correo y El Comercio, como suelo hacer, ya no salía que la película estaba doblada, es así que terminamos comprando nuestras entradas algo resignados, pues habíamos sido un poco engañados por los diarios, pero al final concluimos en que la película valía la pena. Karate Kid resultó ser una película emocionante y que tiene de todo un poco: drama, comedia, acción, etc.

Cuando termine mi carrera, tengo pensado trabajar en el área cultural de un diario y, sin duda, me aseguraré de que no ocurran errores como los que suelo ver cuando confunden los temas de las series o, en este, caso, no explican bien como vienen las películas. Esa área une dos cosas que me gustan mucho: el periodismo, en este caso cultural, y lo audiovisual, que será el tema del que más escribiré. De hecho, el spot de Interbank de Sergio Bambarén sobre cómo dejó todo por escribir El Delfín me inspira a seguir lo que quiero.