sábado, 25 de septiembre de 2010

La fecha está dada


El día que todos esperábamos está fijado. Las candidatas Lourdes Flores y Susana Villarán ya estaban listas para un debate y, finalmente, el secretario de la Asociación Civil Transparencia, Percy Medina, confirmó cuándo y dónde: lunes 27 a las 6:30 p.m. en el Centro de Comunicación Popular y Promoción del Desarrollo de Villa El Salvador.


Fuera de los altos y bajos que las encuestas han presentado en las candidatas, los limeños ya podemos estar seguros de que la próxima alcaldía recaerá en una de ellas. Es así que la candidata del PPC-Unidad Nacional, Lourdes Flores, y la de Fuerza Social, Susana Villarán, tomaron la decisión de presentarse en un debate, pero esta vez, solo entre ellas. Sobre esto, Percy Medina dijo: “esta es una buena práctica electoral con la que las candidatas informarán a la ciudadanía sobre sus propuestas”. Por esta razón, Transparencia brindará asistencia técnica a ambas para el debate.


Sin embargo, este debate sirve de complemento para aquel en el que participaron todos los candidatos, que se dio once días antes del nuevo compromiso.


Además, Percy Medina dice que esto no discrimina a los demás candidatos, con quienes ambas debatieron en la primera fecha. Sin embargo, concentrará en las candidatas una aún mayor cobertura mediática de la que tienen en el momento.

domingo, 12 de septiembre de 2010

Caminos desconocidos

Era viernes y Maricarmen Echeandía, una chica de ojos plomos, salía temprano de casa para llegar al trabajo. Cruzó la calle y subió a un taxi blanco, invitada por el rostro amigable del chofer que manejaba, sin imaginar que luego la invadiría el miedo.


Cuando llegaban a la avenida Faucett, ella esperaba que el taxi gire hacia la izquierda, pero no lo hizo. Pensando que era otro camino, no dijo nada.


Pasados cinco minutos, Maricarmen notó que el taxista la llevaba por callejones que jamás había visto. El auto ya se había alejado lo suficiente de su ruta como para pensar que no era solo una coincidencia. El taxista empezó a ir despacio, sobre parando en cada esquina con mirada sospechosa. Para ese entonces, en Maricarmen ya no había sorpresa, solo miedo. El taxista empezó a silbar, llamando a alguien que ella no podía ver.


Por suerte, Maricarmen es una chica astuta. Así que empezó a hablar con el hombre que la llevaba por caminos desconocidos. “Conozco esta zona, aquí vive mi tía”, mintió sin temblor alguno. El chofer se empezaba a poner incómodo con la muchacha que le venía hablando.


Con el corazón latiendo, ella buscó por las calles algún lugar que le diera esperanza, pero no había uno. El auto se acercaba a un grupo de hombres y Maricarmen vio un gran edificio con un letrero que no lograba leer. Dejándolo a su suerte dijo: “Por aquí está la municipalidad. Mejor déjame ahí”.


El taxista, al notar que la menuda muchacha conocía muy bien la zona, paró el taxi, retrocedió y la llevó. Sí, para suerte de Maricarmen, había adivinado. Bajó del taxi y entró a la municipalidad para esperar que alguien viniera por ella.

martes, 7 de septiembre de 2010

De mi infancia hasta hoy

Tal vez una de las cosas que más me ha gustado en toda mi vida ha sido ir al cine, pero quién diría que lo que hoy es uno de mis hobbies, empezó como el peor castigo para mí. Yo vivía en San Borja, en una casa que se encuentra a cinco cuadras de donde vivo hoy. Ahí tenía un grupo grande de amigas. Todas vivíamos en la misma calle y ya ni siquiera era necesario tocar el timbre para que las demás salgan, bastaba con escuchar el murmullo de sus voces, mirar por la ventana y ahí estaban todas. Listas para jugar Policías y ladrones o a las escondidas.

Sin embargo, muchas veces se abría la puerta de mi casa y salían mis papás para, ya lo sabía, ir al cine. Eso para mi hermano y para mí era lo peor. Significaba tener que dejar los juegos y los amigos y meternos en una sala oscura a regañadientes por dos horas. Pero hoy, lo veo con mucha ironía, lo que para mí era un castigo en aquellos años, terminó por ser una de las cosas que más me gustan. Muchas de las mejores películas que vi fueron de esos años. Películas que probablemente jamás habría elegido ver, pero las vi.

Otra cosa a la que nos acostumbró mi papá fue a los caballos. Mi papá ha hecho equitación básicamente desde que tengo memoria, siempre quiso que siguiéramos sus pasos, aunque sea uno de sus cinco hijos, y mi hermano y yo, los dos últimos, fuimos su esperanza, pero el empeño que él le ponía era tal que terminó por parecernos una presión. Hoy me arrepiento un poco, pero si no hubiera elegido por mí misma tal vez no sabría qué es lo que en verdad quiero, y no habría llegado aquí, a la carrera de comunicaciones.

Un día mi mamá contestó el teléfono y era mi papá, diciendo que estaba llegando tarde porque estaba trayendo un pequeño potro a casa. Con la inocencia que teníamos a los 6 y 8 años, no entendíamos porqué mi mamá se reía tanto. Mi papá dijo que era negro y que eligiéramos un nombre, todo por teléfono. Cuando llegó con sus ayudantes todos se hicieron a un lado de la puerta abriendo camino al famoso “potro”, pero nunca entró. De pronto, mientras mi mamá seguía riendo y mi hermano buscaba desesperado al nuevo animal, yo me di cuenta que mi papá traía un bulto escondido bajo su casaca. Era un pequeño cachorro negro: un Rottweiler al que sin conocer habíamos dado por nombre Blacky, el primero de cuatro lindos perros que trajeron más alegría a mi casa.

A los doce años me mudé a mi nueva casa, pero sin importar cuán cerca nos fuéramos, estaba dejando a las amigas que me habían acompañado desde que tenía cuatro años. En mi nueva casa hay un parque en frente que paraba ocupado por los chicos que vivían alrededor. Yo los odiaba. No eran mis amigas de siempre, eran nuevas personas que miraban de reojo cuando yo salía por la ventana y no los soportaba. Un día, mi primo había venido de visita. Era febrero y con él y mi hermano nos habíamos ido a la azotea para lanzar globos de agua, con la excusa de los carnavales, a esos niños antipáticos del parque. Pero una de las chicas vivía en el edificio de al lado y, lógicamente, un edificio es más alto que una casa. Ella les abrió la puerta y dejó subir a todos a su techo para empezar una guerra de globos con agua.

Se iba haciendo más tarde y los chicos desafiaron a mi hermano y mi primo a un partido. Ya se habían acabado los globos y necesitaban otra forma de demostrar quién era el mejor. Ellos eran muchos y nosotros solo tres, y considerando que yo no juego futbol, dos. Así que no les quedó otra cosa que repartirse en dos equipos. Pero empataron y decidieron dejar la revancha para la noche siguiente. Así, en medio del odio, se fue formando una gran amistad. Al día siguiente, mi hermano conoció a la chica del edificio, esa que antes odiaba y sin pensarlo terminaría por ser una de mis mejores amigas. Esa amiga incondicional que está ahí para ir al cine o a pasear cuando las vacaciones empiezan a aburrir. Y que solo está tan lejos como mandar un mensaje de texto y decir: “oye, baja”.

Acerca del aburrimiento, cuando no están mis amigas, me gusta leer. Pero leer novelas. Y que no me las haya pedido algún profesor sino de esas de las que te topas por Internet, de casualidad, cuando alguien por ahí las menciona y te llenan de curiosidad. Por ejemplo, una de mis series favoritas, Gossip Girl, está basada en una serie de libros. Yo no m habría enterado de eso si no fuera de las personas curiosas a las que les gusta averiguar todo acerca de lo que consumen. Y yo, si es que voy a ver una serie, me gusta saber de dónde salió. Es así que, por mencionar una de tantas cosas que me gusta leer, leo la serie Gossip Girl de Cecily Von Ziegesar.

De hecho, las tengo en mi celular, y esa es la mejor aplicación que, creo, se ha podido inventar. Justamente, cuando trabajas en el mismo lugar que estudias, está de más decir que te vas a aburrir en algún momento. Y cuando no estoy haciendo nada en el trabajo, no necesito haber cargado un ladrillo en mi cartera para no aburrirme. Simplemente, agarro mi celular y leo. Supongo que todas las cosas que me han gustado desde pequeña han ido modelando la persona que soy y quiero ser. Esa es la razón por la que supe que quería estudiar comunicaciones, la carrera que une todas las cosas que me gustan.

domingo, 5 de septiembre de 2010

El sabor de la calle


Saliendo del cine hacia la derecha, había un grupo de gente rodeando una pequeña carretilla. Al acercarme, pude ver a la gente comiendo toda clase de sándwiches llamando a gritos a la señora Ana para que los atendiera. El olor que viene de su carretilla es más que suficiente para que uno espere en el frío de Lima a que Ana le entregue una de sus ricas hamburguesas.

Pero así como Ana, hay miles de señoras con un mandil blanco, en cada esquina, encantando el paladar de quienes paran su caminata frente a alguna de sus carretillas. Y es que el Perú se enorgullece de tener una de las mejores gastronomías del mundo y su demanda ha llevado a muchos a sacar sus negocios a las calles, para ofrecer toda clase de comida al paso.

Precisamente, entre las encuestas de RPP, podemos encontrar una que nos abre el apetito: “¿Cuál es tu plato en carretilla favorito?”. Según esta, el gran favorito es nuestro característico anticucho, ese plato de carne marinada en aderezo a base de ají panca, cocinada a la parrilla y servido en un palito de caña.

Sin embargo, las opciones varían entre anticuchos, panzita, chicarrón con mote, arróz chaufa y hasta tallarines con cebiche y chanfainita. ¿Cuál te provoca hoy?