Era el año 1987 y el periodista Eloy Jáuregui se entero de una huelga que se estaba dando en el Hospital Larco Herrera, el hospital más grande para tratamientos mentales en el Perú. Un colega le dijo:
- Los locos se mueren.
Escuchar esa frase lo escandalizó y pensó hacer un reportaje sobre los locos. Fue donde el Ministro de Salud y le dijo:
- Quiero hacer un reportaje en el Hospital Larco Herrera.
- Ja, ja, ja. Ahí sólo entran médicos, no periodistas- respondió el Ministro de Salud.
- Pero se están muriendo los locos- replicó.
- ¿Y a mí que chu? Un loco menos es un chico mejor alimentado.
Una noche, frente a su esposa, Eloy le dijo:
- Con este tema me gano un premio. Prepárame mi peor ropa. La más cochina, la más vieja, la más usada.
- Esa es la que tienes- contestó ella.
Eloy llegó al Hospital Larco Herrera. En la puerta, el wachiman le preguntó:
- ¿Para qué viene usted?
- Quiero matar a mi padre- mintió Eloy, haciéndose pasar por loco.
- ¿Por qué?
- ¿Por qué?
- Porque es aprisa.
- Pague 5 soles- dijo el wachiman-. Vaya al pabellón 7.
Ya instalado en el pabellón 7, se le acerca un hombre de mediana edad y le dice:
- ¿Dónde te duele?
- En el estómago y, d ahí, se me sube a la cabeza- respondió el periodista.
- Nunca saldrás de aquí… - dijo el otro hombre.
- ¿Por qué?- peguntó sorprendido Eloy.
- Los únicos que salen es porque les duele al revés- dijo el enfermero-. Primero la cabeza y, después, el estomago.
Luego de dos días, Eloy se acerca al mismo enfermero y le dice:
- Ya me quiero ir a mi casa.
- Ya te he dijo- respondió- de aquí no vas a salir.
- Es que yo no estoy loco. Soy periodista –explicó Eloy-. He venido a hacer un reportaje; a construir una crónica para después enseñarles a mis alumnos de la Universidad de Lima.
- Todos los que están acá internados son periodistas- dijo el enfermero con sarcasmo.
Seis días después, el ex periodista Jáurgui ya estaba fuera de sí. Entonces, decidió salirse por la pared. Los enfermos que los acompañaban le gritaban:
- Sálvanos, sálvanos.
Empujándolo hacia fuera, repetían como un himno:
- Sálvanos, sálvanos, Eloy, que el hoy es hoy. Sálvanos, sálvanos, Eloy, que el hoy es hoy - y seguían-. Sálvanos, sálvanos, Eloy.
Aquél alarido podía ser escuchado a 5 cuadras a la redonda en Magdalena del Mar, por ese entonces.
Luego de 20 minutos, cuando el periodista se encontraba en la calle, se acerca a la avenida El Ejército sin un sol, preguntándose cómo haría para llegar a casa. El cobrador lo miró y le dijo:
- Ya pes, huevón. Paga, paga; no te hagas el loco…
Eloy entregó su reportaje y, a raíz de eso, cambiaron al Ministro de Salud.
Hoy, cuando Eloy se acerca al hospital, aún puede escuchar a los locos cantar:
- Sálvanos, sálvanos, Eloy, que el hoy es hoy.

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